Vivimos un tiempo de grandes cambios y podría decirse de transición hacia una nueva época. Las evoluciones tecnológicas nos desbordan de tal modo que nada parece duradero.
Las revoluciones industriales de siglos pasados exigieron cambiar el modelo de la sociedad y crear nuevos paradigmas y modos de relación y de pensamiento económico y político. La tercera revolución que parece estamos enfrentando en la actualidad exigirá adoptar cambios importantes.
La ciencia y la tecnología avanzan hasta límites que la mayoría de ciudadanos ni siquiera alcanzamos a comprender y asimilar del todo. Y con ello, algunas contradicciones de nuestra existencia como seres humanos se acentúan: pronto seremos capaces de construir robots inteligentes sin haber solucionado graves problemas de desigualdades e injusticias sociales. En diez años, las fábricas producirán de manera personalizada nuevos y extraordinarios productos gracias a impresoras de tres dimensiones y sólo se requerirá mano de obra capaz de manejar programas de software muy avanzados dirigidos a diseñar y a crear nuevas aplicaciones y utilidades digitales.
Por otra parte y al mismo tiempo que estos avances imparables se producen, los ciudadanos nos enfrentamos al asombro casi cotidiano de escándalos de mal uso del dinero público que nos hacen perder la confianza en las instituciones y hasta en las personas que llegan de manera sucesiva a ocupar el poder.
Además, nos preguntamos cómo es posible haber perdido en tan poco tiempo los avances sociales que tanto costó construir entre todos alo largo del siglo XX, la tranquilidad económica de muchas familias, la cobertura social para todos, la seguridad, la confianza en el sistema...parecen estar de nuevo en cuestión y no existen propuestas claras que aseguren la creación la riqueza y un reparto justo de aquella.
En esa búsqueda de respuestas políticas a los desafíos de futuro, parece evidente que no deben ignorarse los enormes cambios que la nueva revolución tecnológica y digital van a implicar. Es más, si no existe visión política capaz a largo plazo, capaz de evitar que las condiciones más propias de la vida humana sea alejen cada vez mas de lo que el avance científico y tecnológico esta llegando a construir, el desastre será monumental para nuestras sociedades.
Necesitamos políticos muy cualificados, capaces de tomar decisiones que se adelanten a los graves problemas que nuestro propio desarrollo está acarreando y sobre todo, capaces de poner en relación la esencia de la humanidad y sus necesidades básicas con el conocimiento científico y tecnológico. Necesitamos facilitadores que pongan en relación necesidades y soluciones siguiendo un orden de prioridades basado en valores universales y en los derechos humanos fundamentales.
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La Unión Europea tiene un papel importante siguiendo la línea de los valores y principios en los que se ha asentado su proceso de construcción. No basta financiar el crecimiento económico, sino que es necesario encarrilarlo para favorecer a la mayoría de ciudadanos y para proteger a los desfavorecidos. Además el medio ambiente debe ser preservado y los recursos naturales utilizados de modo racional, asegurando su sostenibilidad en el futuro. En otro caso corremos el riesgo de dejar a nuestros hijos una herencia envenenada, preparada para romperse por cualquiera de sus muchos desequilibrios.
La Sexta Revolución Industrial: el camino hacia la singularidad den el Siglo XXI
martes, 16 de diciembre de 2014
Revolución tecnológica y respuestas políticas
Etiquetas:
desafíos,
respuestas políticas,
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